Uno de los protagonistas de Daredevil: Born Again, Vincent D’Onofrio, habló recientemente sobre el papel crucial de Kevin Feige, presidente de Marvel Studios, en la renovación creativa por la que pasó la serie a mitad de su rodaje. D’Onofrio interpretó a Wilson Fisk / Kingpin en las series de Netflix, y regresó al papel en Echo y ahora en Daredevil: Born Again.
Durante una entrevista para el podcast Happy Sad Confused, D’Onofrio volvió a hablar sobre los cambios a nivel creativo que tuvo que afrontar Daredevil: Born Again antes de su estreno. Si bien cree que el equipo creativo original tenía una buena idea entre manos, tanto él como Charlie Cox sintieron que la historia se alejaba demasiado de los personajes que habían interpretado previamente.
Entre Charlie y yo, sí, fue una idea colectiva. Debo decir que los guionistas iniciales tuvieron una gran idea. La idea era buena. Desafortunadamente, no creo que hubiera tenido oportunidad, porque nos estábamos desconectando de la serie original. Charlie y yo no entendíamos cómo debíamos retratar a estos personajes que todos adoran en el entorno en el que nos situaban.
D’Onofrio confirmó que Feige jugó un papel importante para que la serie tuviera la renovación creativa que necesitaba, y elogió al arquitecto del Universo Cinematográfico de Marvel por ser tan accesible y comprensivo con sus preocupaciones.
Así que nos topamos con eso todo el tiempo. Por suerte, tenemos un jefe llamado Kevin Feige. Lo escucha todo, lo observa todo, y puedes hablar con él como con cualquier miembro del equipo. Es un tipo muy directo. Tiene que ser, diría yo, en cuanto a su puesto, completamente único. En los cuarenta años de mi carrera, él ha sido alguien único para mí, en el contexto de la posición en la que se encuentra. Escuchó con mucha atención, se esmeró en llegar al fondo del asunto, y terminó como terminó. Charlie y yo nos comunicábamos activamente, y necesitábamos hablar con los guionistas iniciales constantemente todos los días. Sentíamos que su idea era increíble, pero que íbamos a fracasar si no enderezábamos un poco el rumbo.